Sobre clasificaciones

por Nancy Lago
En el momento de realizar encuadramientos para los residuos domiciliarios, muchas veces nos encontramos con la diferenciación entre residuos orgánicos e inorgánicos. Esta clasificación tiene algunos inconvenientes para gran parte de la población: si bien con respecto a los llamados orgánicos, no existen muchas dudas, ya que lo “orgánico” se puede vislumbrar claramente en los residuos de comida o del jardín, el tema parece complicarse cuando echamos un vistazo a los denominados inorgánicos. El papel y el plástico suelen ser agrupados bajo esta clasificación, desconociéndose así su procedencia de la celulosa, en el primer caso y el petróleo, en el segundo.

Entonces, ¿qué es lo que genera la confusión? Básicamente, son los tiempos de biodegradación que tienen esos residuos: en tanto un residuo de comida puede degradarse en pocas semanas, un envase de plástico puede tardar décadas.

Por lo tanto, para la gestión de residuos domiciliarios se recomienda utilizar otros métodos de clasificación, que sean más claros en cuanto al objetivo de separación:

Residuos secos y húmedos: esta es una de las clasificaciones que más desarrollo ha tenido en los últimos años. Es ideal para ser utilizada cuando el foco del sistema de gestión está en recuperar papel, metales, vidrios y plásticos. El compost que se puede generar con este método es de baja calidad.

Residuos compostables y recuperables: exige un mayor conocimiento de la población sobre la contaminación que se puede generar por no separar adecuadamente las corrientes. Su mayor beneficio es que, al tiempo que recupera papel, metales, vidrios y plásticos, puede generar un compost de calidad mediana a alta.

Residuos de alta biodegradabilidad, baja biodegradabilidad, no biodegradables: esta variante no posee grandes diferencias con la anterior; el único agregado es la separación de metales.


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1 Comentario

  1. Digo: no solo informativas.

    #1 Fernando

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