La Bolsa de Subproductos de la Región Central de Santa Fe se constituye como una herramienta de comunicación dirigida a facilitar el intercambio de subproductos entre las empresas industriales y comerciales, con el propósito de potenciar el aprovechamiento máximo de los residuos, promover el reciclaje, la recuperación, la reutilización y proporcionar a las empresas una herramienta para reducir gastos y mejorar la competitividad. A través de la Bolsa de Subproductos, las empresas ofrecen materiales residuales con el fin de encontrar otras empresas interesadas en retirarlos o bien adquirirlos como materias primas de otros procesos productivos. Pero, a su vez, esta herramienta incorpora un apartado de iniciativas ciudadanas, donde se contempla la promoción de experiencias de valorización de residuos domésticos y agroalimentarios, así como la reutilización de electrodomésticos y herramientas de trabajo.
El Centro INTI-Cereales y Oleaginosas y la empresa ECOPOR S.A, dedicada a la recolección y reciclado de aceites usados de fritura, se encuentran trabajando en un programa para la Gestión de Aceites Usados de Fritura. Mediante un convenio de asistencia técnica, ambos trabajan conjuntamente en el desarrollo de procesos y productos a partir de AVUs (fundamentalmente insumos para la industria química) y la capacitación para establecimientos de restauración colectiva en Buenas Prácticas de Fritura y manipulación de AVUs.
Los aceites de fritura procedentes del sector hotelero, restauración colectiva y cocinas industriales representan actualmente un gran problema ambiental. En nuestro país, únicamente un pequeño porcentaje del mismo se recoge como vertido controlado y se emplea como materia prima en la fabricación de jabones. Sin embargo, la mayor parte de estos aceites residuales representa una carga añadida para las aguas residuales ya que se vierten directamente en las cloacas, ríos, lagos u otros recursos hídricos, con el consiguiente deterioro ambiental.
Adicionalmente, el INTI desarrolló un Programa de Buenas Prácticas de Fritura para la capacitación del personal del rubro gastronómico y de bromatología, de manera de lograr una mejora en la calidad de los alimentos fritos, optimización del proceso y la correcta manipulación del aceite vegetal usado para su descarte.
Producir biodiesel a partir del reciclado de aceite comestible usado de una manera sustentable, tanto económica como energéticamente, es el proyecto de un equipo que coordinó el analista programador Hugo Capuya e integraron Matías Ribeiro, Gabriel Rodríguez y Matías Cornejo. El proyecto se propone un modelo productivo que toma como insumo un desperdicio y lo transforma en dos productos útiles que no generan desechos industriales: biodiesel para vehículos gasoleros y residuo con alto contenido de glicerol. También puede contribuir a preservar los cursos de agua, previniendo la contaminación y promoviendo las buenas prácticas ambientales para la disposición final del aceite.
Este biodiesel se obtiene mediante un proceso de transesterificación del aceite, conocido y utilizado en algunas ciudades del mundo, que pueden suministrar los grandes usuarios (comedores, restaurantes, fábricas, bares, etc.), acostumbrados a tirarlo a los conductos y desagües residenciales. Del proceso se obtiene, además, un residuo con alto contenido de glicerol, el cual puede reprocesarse para venderlo como artículo de limpieza.
Los creadores del manifiesto Cradle to Cradle, el Doctor en química Michael Braungart de la Universidad de Lüneburg de Alemania y el arquitecto William McDonough, ambos cofundadores del estudio McDonough Braungart Design Chemistry (MBDC) plantean que el planeta necesita una nueva revolución industrial, esta vez en armonía con la Naturaleza. Parten de la premisa, que la industria y el medio ambiente no son contrarios ni enemigos, sino que están estrechamente vinculados y que sinérgicamente pueden ofrecer oportunidades para el beneficio de las empresas y fundamentalmente de las personas y del planeta.
De esta manera hay un especial interés en todos los inputs y outputs del proceso productivo, para que todo sea absolutamente reutilizable. Creen que hay dos metabolismos fundamentales en el mundo, uno es biológico y el otro químico. Así, los materiales industriales debieran ser, o bien nutrientes biológicos saludables que volverán a la tierra para ser consumidos por los microorganismos, o bien nutrientes técnicos que regresarán a la industria para ser reciclados una y otra vez.
En cuanto al reciclado, diferencian dos categorías: el “supra-reciclaje”, que es el que promueven, es el proceso en el que se crean nuevos materiales que resultan ser más valiosos que los originales; mientras que en el “infra-reciclaje” los materiales además de perder calidad en el proceso incluso emiten toxinas.
Cuando los Aceites Vegetales Usados (AVUs) son gestionados inadecuadamente, se generan varios efectos negativos, pueden contaminar cuerpos de agua y suelos, obstruyen cañerías cuando son arrojados en desagües cloacales y pluviales y tienen compuestos cancerígenos que constituyen un peligro cuando vuelven a ser ingresados al mercado para consumo humano.
Para afrontar esta problemática, el Centro de Cereales y Oleaginosas del INTI diseñó un programa que apunta a eliminar la alta contaminación que generan los AVUs, sometiéndolos a un proceso de purificación e industrialización, generando de este modo insumos que puedan incorporarse a distintos procesos de obtención de productos químicos.
Luego de varias evaluaciones sanitarias de tecnologías de descontaminación de material plástico proveniente de botellas de PET, el INTI ha determinado que el PET descontaminado reciclado (PTC-PCR) puede recuperarse a través del uso de tecnologías validadas y aprobadas internacionalmente, asegurando la reutilización de los mismos en la fabricación de nuevas botellas destinadas a contener alimentos.
De acuerdo a la Resolución MERCOSUR 30/07, el PET-PCR grado alimentario (PET postconsumo reciclado descontaminado de grado alimentario):
es el material proveniente de una fuente de PET postconsumo y/o de descarte industrial;
obtenido por medio de una tecnología de reciclado físico y/o químico con alta eficiencia de descontaminación, que ha sido demostrada sometiéndola a un procedimiento de validación normalizado (“challenge test” o equivalente), y que por ende, cuenta con autorizaciones especiales de uso, validadas por la Autoridad Nacional Competente;
y que puede ser utilizado en la elaboración de envases en contacto directo con los alimentos.
El INTI ha instalado una planta de PET-PCR en la Argentina, en la localidad de San Fernando.
El segundo capítulo de esta serie de posts sobre las bolsas plásticas, no se trata sobre leyes o sobre dificultades para implementarlas, sino que se orienta a una propuesta alternativa: en Puerto Madryn, el INTI ha desarrollado el programa ”Menos bolsas, más trabajo“. La idea, básicamente, consiste en volver a la conocida bolsa de los mandados durable, confeccionada en tela) para evitar las consecuencias negativas del uso indiscriminado de las de polietileno y, a su vez, promover el
trabajo sustentable para desocupados o subocupados. a través de la sustitución de las bolsas de polietileno por bolsas de material no descartables y/ o biodegradables.
Mi agradecimiento a Héctor Zorzi por haberme facilitado el video de la campaña de sensibilización
El Centro de Cereales y Oleaginosas del INTI desarrolló un proyecto para mejorar el aprovechamiento de la hez de malta, un subproducto generado en la industria cervecera.
El principal objetivo del proyecto consistió en agregar valor a este subproducto generado por las cervecerías en grandes volúmenes, desarrollando un insumo de alto valor nutritivo y excelente calidad para alimentación humana y animal. A su vez, el proyecto se propuso minimizar la contaminación del medio ambiente, ya que actualmente la mayor parte de este producto es desechado sin ningún tratamiento que evite este problema.