Este fin de semana parte desde San Francisco, Estados Unidos, un equipo de científicos, ambientalistas e innovadores en busca de una de las islas más siniestras que existen en el planeta.
Desafiando su ubicación imprecisa y la dificultad que plantea qué hacer una vez frente a frente con esta gigantesca colección de basura, el equipo del Proyecto Kaisei se lanza a las aguas los primeros días de agosto con el fin de estudiar en profundidad la composición de esta “sopa” plástica (otro de los apodos que ha recibido), la toxicidad de sus componentes, su efecto sobre la vida marina y su rol en la cadena alimentaria.
Los peces pequeños confunden las partículas plásticas con alimentos. Muchos mueren tras ingerir estos fragmentos, que además actúan a modo de esponja para las sustancias tóxicas y metales pesados. Pero otros sobreviven y cuando son ingeridos por animales más grandes, entran a formar parte de la cadena alimentaria.
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